Luis Hiram Castañeda Garcia

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martes, 18 de octubre de 2011

Soluciones para la obesidad infantil

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V.Argüello (*) y M. Giampaoletti (**)


Estamos en presencia de un aumento del sobrepeso, entendiendo por esto la suma de pre-obesidad más obesidad propiamente dicha, y cuando esto se relaciona con los niños, merece nuestra mayor preocupación.

La obesidad expresa un desequilibrio energético de carácter positivo en el que se observa una ingesta excesiva, un consumo energético insuficiente o ambas situaciones. Esto se correlaciona con un índice de masa corporal mayor de 25 para la pre-obesidad y mayor de 30 para la obesidad propiamente dicha.

En Córdoba, la tasa de sobrepeso es del 29,3 por ciento para niños de hasta 5 años. Estos índices crecen hacia la pubertad y adolescencia.

Es probable que un niño obeso sea un adulto obeso en el futuro, o un individuo con mayores posibilidades de padecer otros trastornos a nivel alimentario, si no recibe tratamiento. Por otra parte, es sabido cómo la obesidad puede traer aparejadas enfermedades cardíacas, diabetes, hipertensión, hiperlipemia, hiperinsulinemia, entre otras.

Cuando nos planteamos la problemática de la obesidad infantil, nos enfrentamos a una serie de cuestiones asociadas a sus causas, consecuencias y posibles abordajes.

Con respecto a las causas, sabemos que esta patología puede responder a una serie de factores:

Genéticos - metabólicos.

Ambientales, vinculados al estilo de vida como el sedentarismo asociado en estos tiempos a la cantidad de horas que los niños pasan frente a la televisión y la computadora.

Dietéticos, dieta rica en grasas (comida chatarra).

Psicológicos, bajo nivel de autoestima, altos niveles de ansiedad, depresión y pasividad, conductas bulímicas.

Pensando en las posibles causas a nivel psicológico, solemos encontrarnos con niños obesos que aprenden a tomar la comida para llenar ciertos "vacíos" que suelen tener que ver con la falta de sostén, contención, afecto y la construcción de estilos de afrontamiento ineficaces. Se entiende por afrontamiento "aquellos esfuerzos cognitivos y comportamentales que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como desbordantes por el individuo.

La comida, entonces, viene a aliviar insatisfacciones, para calmar de este modo la angustia y la ansiedad. Están presentes dificultades para identificar emociones, no pudiendo distinguir hambre de saciedad, ni hambre de otras sensaciones o sentimientos. Algo a nivel psicológico no puede ser procesado, quedando atrapado en el cuerpo.

Es por ello, que el tratamiento del niño obeso, y del obeso en general cualquiera sea su edad, debería contemplar un enfoque interdisciplinario incorporando lo médico, nutricional y psicológico, donde el papel de la familia sea fundamental. La familia debe entender la envergadura de lo que está sucediendo y acompañar al niño en su tratamiento. En tal sentido, la escuela también tiene un lugar, sobre todo a lo que prevención se refiere, promoviendo hábitos saludables y un espacio para la actividad física.

Se hace imprescindible por tanto ocuparnos de esta problemática. Seguramente el pediatra será, en este caso, quien pueda orientar a los padres y al niño. Las políticas de salud deberían contemplar una asistencia integral. Esperemos que la ley de obesidad sea prontamente promulgada.

(*) Lic. en Psicología.
(**) Médico Especialista en Psiquiatría. Ambos son integrantes del staff de Fundación Integritas.

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